Carla Simón, directora de Verano 1993, ha sido entrevistada por Abycine. La película, finalista Work in Progress en la primera edición de Abycine Lanza. Representará a España en los Oscar 2018
 
 
 
 

Entrevista a Carla Simón

Directora y guionista de ‘Verano 1993’

Finalista Work in Progress I Abycine Lanza

 

Verano 1993’ destaca entre las películas españolas más premiadas del 2017, en la cinematografía nacional e internacional. Cuenta la historia de una niña, Frida, que, tras la muerte de su madre afronta el primer verano con su nueva familia adoptiva.

 

En Abycine Lanza 2016, I Mercado del Audiovisual Independiente español, de Abycine Festival Internacional de Cine de Albacete, ‘Verano 1993’ se posicionó entre los mejores trabajos, como finalista entre una treintena de proyectos presentados al Concurso Work in Progress. Desde aquí prosiguió su exitoso recorrido por festivales de todo el mundo, hasta llegar al estreno en la gran pantalla.

 

Su directora, Carla Simón, nos habla de ‘Verano 1993’ y lo que ha supuesto su participación en Abycine Lanza. Es su primer largometraje, que está basado en su propia infancia.

 

Carla Simón, desde el estreno de ‘Verano 1993’, el 30 de junio, en los cines españoles, está teniendo una actividad muy intensa. ¿Cómo es su día a día en estos momentos?

Cada día es muy distinto, ningún día se parece al otro ahora mismo. La semana pasada estuve en París, haciendo prensa para el estreno en Francia. También estoy viajando mucho continuando con la presentación de la película en festivales y participando en coloquios. En estos momentos estoy en Barcelona, con el doblaje de la película al español, para Televisión española.

 

 ¿Está siendo difícil el doblaje de la película para Televisión española, al estar en versión original en catalán?

Casi todos los actores se doblan a ellos mismos. Son sus mismas voces, salvo en el caso de algún rol pequeño. No deja de parecerme raro, sobre todo lo que es la sincronización de la voz con la boca. Yo creía que sería más terrible, pero el hecho de que los actores sean ellos mismos, es una manera de volvernos a encontrar y repasar la peli de arriba a abajo, todos juntos otra vez.  Televisión española participó con una gran aportación en la película y por contrato nos piden que se doble para cuando la emitan, y en eso estamos.

 

‘Verano 1993’ no deja de obtener reconocimientos. Arrasó en el Festival de Málaga, con cinco premios, incluido el de Mejor Película, además de llevarse premios muy importantes en la Berlinale 2017, como la Mejor Ópera Prima, y en Buenos Aires, a la Mejor Dirección y Premio del Público. ¿Cuál es el premio que más le ha sorprendido?

Yo creo que el que más me sorprendió de todos es el de Berlín al de Mejor Ópera Prima, porque ahí aún estábamos terminando el sonido de la película y yo no sabía cómo reaccionaría la gente al verla, entonces para mí fue muy sorprendente la reacción del público. También estoy muy agradecida a este premio porque fue el que le dio visibilidad a la película. Cuando se trata de películas que no tienen tanto dinero para la promoción, ayudan mucho reconocimientos como el de los festivales de Berlín y de Málaga. En otros festivales hemos tenido también algunos premios del público. No me lo esperaba y me ha ilusionado mucho, porque es difícil llegar a la crítica y al público, y además, que sean buenas reacciones. 

 

De todas las críticas recibidas, ¿alguna le ha impactado de manera especial? ¿Cómo valora la crítica en el mundo del cine?

Me he dado cuenta de la importancia de las críticas y de cómo pueden influir en la vida de la película. En ‘Verano 1993’ ha ido muy bien, estoy súper contenta, la verdad. Para mí, una que destacó mucho fue la de Caimán, que Carlos F. Heredero escribió sobre la película; también, de Jaime Pena, y de gente de Cataluña, como Ángel Quintana. Son de los textos más bonitos que he leído sobre la película. Es bonito leer las críticas, ves cómo la gente interpreta la película. Creo que son importantes para la vida de la película, pero como director tienes que saber colocarlas en un sitio donde no te entorpezca para seguir creando, sobre todo cuando no te vayan tan bien. Lo principal es que tú mismo estés satisfecho de tu trabajo, tanto si te caen buenas críticas como si no lo son tanto, y no olvidar que has aprendido mucho durante el proceso.

 

 Al tratarse de una película basada en su propia vida marcada por la muerte de su madre cuando sólo tenía seis años, y estar enraizada en los recuerdos de su niñez ¿Qué supone para Ud. este reconocimiento de Mejor Ópera Prima, de la Berlinale 2017, desde el punto de vista personal y profesional?

Es la historia que quería contar, algo muy íntimo y personal y me ha sorprendido el hecho de que contada de esta manera haya llegado tanto a la gente. Realmente es lo más sorprendente para mí. Además, sentía todo lo que estaba haciendo como una prueba emocional muy grande: mi primer largometraje, las complicaciones de rodar con niños tan pequeños... Entonces, las buenas noticias de los premios las he recibido con alegría inmensa,  porque fue un rodaje nada fácil. Ni el proceso, en general, fue fácil. Cuando las cosas cuestan y luego hay alegrías las valoras aún más, y yo creo que es lo que pasó con nosotros, conmigo y con todos los que hemos hecho la peli.

 

  Carla Simón, ¿por qué cree que está gustando tanto ‘Verano 1993’?

El cine tiene esta magia que es imposible controlar: a veces haces algo y no sabes cómo va a ser recibido, ni sabes contar por qué funciona o por qué no. Aún así, creo que sí que hay algo sobre el impacto emocional que tiene la película sobre el espectador, que yo ni era consciente de que iba a ser tal. Cuando recordamos una película también recordamos cómo nos hemos sentido nosotros viéndola. El tema de la emoción es algo que al espectador le queda  mucho adentro.

 

También el tono de naturalidad que tiene la película, sobre todo gracias a las niñas.

Sí, para mí ese tono natural era uno de los retos más grandes que tenía al hacer la película. Que la cámara estuviese ahí observando estos personajes y recordando estos momentos de la vida de una manera natural. Los niños son muy magnéticos. También  es muy importante la manera en que los actores atraen a la gente y la historia es muy humana. Al final y a pesar del drama, es una historia positiva, ¿no? Era importante  la idea de que los niños no dejan de ser niños a pesar del drama de la historia. No dejan de jugar, de querer, de reír, de tirar hacia adelante, y yo creo que el tono de la película también es esto. A veces hay películas muy oscuras, y creo que un poco de luz, de vez en cuando, es muy bueno.

 

¿Como guionista, qué temas y estilos le llaman más la atención?¿Dónde está ahora su foco de interés? ¿En qué proyecto está trabajado?

Ahora está siendo difícil encontrar el momento para desarrollar mis ideas. Me interesa mucho el tema de las relaciones familiares, por el hecho de que son relaciones que no eliges, te las encuentras y tienes que convivir con ellas y luego hay ahí una complicidad que se crea, para lo bueno y para lo malo, que a mí me gusta observar con mi familia y retratarlo en mi cine. Y también me gustaría continuar trabajando con niños, que es algo que disfruto mucho. Los paisajes más rurales también me interesan como sitios que me apetece retratar.

 

¿Qué supuso para ‘Verano 1993’, cuando estaba en fase de desarrollo durante el rodaje, su participación en Abycine Lanza 2016, I Mercado del Audiovisual Independiente español, de Abycine Festival Internacional de Cine de Albacete?

Yo estaba editando en ese momento y no pude ir.  Teníamos que entregar a mediados de noviembre la primera versión de la película, lo más avanzado que tuviéramos del montaje, para la Berlinale. Sí que estuvo mi productora, que me contó que en Abycine Lanza había ido muy bien. Fue la primera vez que se vio algo de la peli, eran los diez primeros minutos, si no me equivoco, las primeras secuencias. Nosotros aún no habíamos tenido feedback  y mi productora vino muy contenta, también por el buen nivel de networking que vio allí, con gente de Berlín también. Me dijo que es muy bueno que en el sector del audiovisual se conozcan los proyectos de películas en  los que se está trabajando.

  

En las críticas a su película, hemos leído que la historia de ‘Verano 1993’ avanza prácticamente sin trama, a base de pequeñas escenas, naturalista, a la manera de la realizadora y directora Mia Hansen-Love. ¿Es así como lo ve Ud. también? ¿Fue ése su objetivo?

Estoy de acuerdo que avanza con poca trama. Me gusta mucho tratar la cotidianidad y las cosas pequeñas, los detalles que definen las relaciones entre dos personas. De la observación de la gente saco ideas y el cine me ayuda a cómo observar mejor a la gente. Quiero encontrar este equilibrio entre mostrar la cotidianidad y contar algo más complejo, más profundo, de un momento importante de la vida de algunas personas o de una familia. Mía Hasen Love me gusta, pero nunca fue tan referente. Sobre todo a nivel visual, mis referentes han sido las fotos de cuando era pequeña, a la hora de crear las escenas, de pensar en los encuadres, el color, el vestuario… esas fotos fueron la semilla de muchas cosas.

 

¿Qué directoras y directores le gustan más?

Me gusta mucho el cine de Lucrecia Martel, que es argentina, y el de Alice Rohrwacher, directora de procedencia italiana y alemana, que hizo una película que se llama ‘El país de las maravillas’, sobre una familia en un entorno rural en Italia y que me ha servido de inspiración. ‘Cría Cuervos’ y ‘El espíritu de la Colmena’ también me acompañaron durante el proceso de mi película. Otro director que me gusta mucho es Jacques Doillon, francés. De él me he fijado especialmente en cómo dirige a la niña y a los jóvenes en su película ‘Ponette’. Y Claire Denis,  otra directora también francesa… hay muchos, muchos.

 

Nos parece fascinante la naturalidad y la complicidad de Laia Artigas, la niña que encarna a Frida, con la otra niña revelación de esta película, Paula Robles, de tan sólo cuatro años. ¿Qué es lo más importante que podemos aprender los adultos de los niños, personalmente, en el día a día y también en el mundo de la interpretación?

Yo no tengo hijos, pero trabajo mucho con niños, me gusta mucho. Lo bonito para mí es esa oportunidad que te dan de reaprender, de volver a ver muchas cosas por primera vez y darles este valor de nuevo, y entonces, de ver la vida de otra manera. Reaprendes, porque ellos lo están viendo todo por primera vez y creo que eso es muy interesante. Luego, a nivel interpretativo, ves que no se juzgan a ellos mismos, y que, realmente están jugando. La palabra jugar y actuar es la misma en inglés y en francés. En España tenemos esas dos palabras, y para los niños creo que sólo hay una, que es jugar. Entonces, creo que trabajar con niños ayuda a los adultos a no pensar tanto en lo que están haciendo y a dejarse llevar como en un juego, y se consigue al final ese tono más natural.

 

 ¿Qué tuvo que hacer para que los niños viesen su actuación como un juego?

Para que se creyesen ese juego, tuvimos que crear todo un mundo alrededor que implicó un trabajo previo muy grande. Pasamos mucho tiempo juntos improvisando situaciones anteriores a las de ‘Verano 1993’. Y fuimos creando poco a poco esa intimidad en el juego, pero ya siendo los personajes.

 

¿Qué es lo que más esfuerzos le costó durante el rodaje y lo que le pareció más fácil?

Lo más difícil fueron las niñas y lo más fácil fueron ellas también, porque eran maravillosas y en torno a ellas estuvo el centro del rodaje. También, una cosa muy complicada para mí fue tener la sensación de estar renunciando siempre a mis imágenes mentales: yo tenía unas ideas, unos recuerdos, visualizaba la película de una manera concreta, y me di cuenta en rodaje que si yo no hacía esa renuncia, terminaría organizando los elementos de la película de una manera que habría quedado todo más rígido. Yo quería ese tono más natural, y con las imágenes que yo tenía no podía retratar a las niñas tal cual.

 

Entonces, Ud. renunció a sus ideas en favor de conseguir el tono más natural para la película.

Sí. Preferí ver lo que pasaba enfrente de la cámara con las niñas. Le di prioridad a esto para tener ese tono más natural. Esa renuncia, sobre todo durante el rodaje, fue muy dolorosa para mí, porque tenía mis ideas muy claras y de repente me di cuenta que enfrente de la cámara había otra cosa y tenía que liberarme de lo que yo tenía adentro para poder trabajar. Finamente, me di cuenta que sí que estaba contando la historia que yo quería, no visualmente tal como yo la imaginaba, pero la estaba contando y eso era lo importante, aunque fue para mí algo bastante complicado.

 

¿Qué tiene ‘Verano 1993’ de ‘El espíritu de la colmena’ y sobre todo de ‘Cría Cuervos’?

¿Qué tiene? Yo creo que en realidad no se le parece en nada, en el sentido de que a nivel visual son películas absolutamente distintas, a nivel de tono también, a nivel de las niñas tampoco se parece, pero sí que me inspiraron en cómo retratan la psicología de los niños, que ves que el niño puede ser inocente pero también puede tener una parte muy oscura, y creo que eso es algo que se ve bien en las dos películas y en el caso de Cría Cuervos, el tema de la pérdida, también. Sobre todo, tratar al niño como alguien inteligente que tiene todo un proceso psicológico complejo como lo tiene un adulto. También hay algo que me interesaba para ‘Verano 1993’, que es la sutileza en el contexto: algo que es muy importante en el contexto, de lo que no se habla, pero que sí que está ahí acompañando a la historia.