‘El mar nos mira de lejos’ llegó al I Mercado del Audiovisual Independiente español, Abycine Lanza 2016, del Festival Internacional de Cine de Albacete, Abycine, como proyecto en fase de postproducción y fue ganador Work in Progress, con una ayuda de siete mil euros.

Estaba ya a unos meses del estreno, pero ¿qué faltaba aún por terminar o mejorar en un proceso tan lleno de detalles y costoso como es hacer cine?

Cuando recibimos la ayuda quedaba pendiente cerrar el montaje, y el resto de trabajos de postproducción, tales como el diseño de sonido, la mezcla final, el etalonaje o corrección de luz y color, y otras tareas que tienen que ver con el acabado final de la película. Particularmente el montaje tomó bastante tiempo, unos 12 meses de trabajo en total, lo cual por otra parte se corresponde con un cierto tipo de películas, aquellas que no tienen un guión literario previo, para las cuales se filma mucho material y con gran apertura a lo imprevisible que pueda ocurrir durante rodaje.

 

Su película, tras su paso por Abycine Lanza participó con mucha expectación en la Sección Forum de la Berlinale 2017. Es un documental que se vale de la ficción para atraernos delicadamente a la realidad que nos es mostrada, haciéndonos participar de su belleza y de su misterio también.

También podríamos invertir la frase y decir que se trata de una ficción que se vale del documental. Las etiquetas de “ficción” y “documental” son a veces útiles para organizar referencias o contenidos o bien para orientarnos en la conversación, pero muy a menudo son equívocas y confunden. Yo prefiero hablar simplemente de “películas”. Sí es cierto que en este caso el punto de partida era una realidad ya existente, un lugar, un espacio, unos rostros y unas personas, que existen con independencia de mi mirada y de mis intenciones. Y es ese sustrato de realidad lo que confiere a la película su apariencia documental.

 

La realidad como punto de partida para hacer cine.

Durante el trabajo hemos intervenido esa realidad, la hemos transformado al mirarla según cierto sesgo, hemos introducido personajes de ficción para dinamizar situaciones y poder construir algunas dialécticas, en definitiva, para articular un tipo de relato. 

En un inicio se trataba de eso: hay una realidad que me sedujo, que me llamó, digamos. Pero yo no he intentado documentar esa realidad, sino que he hecho de ella la materia prima de mi trabajo como cineasta, he encontrado en ella los materiales con los cuales crear una nueva realidad, cinematográfica, que ahora existe solo en la pantalla.

 

‘El mar nos mira de lejos’ es una película llena de poesía.

La película es una exploración poética de un territorio, un viaje sensorial por un lugar particular, en apariencia escindido física y temporalmente de nuestro mundo moderno, un presente algo enrarecido, en el que convergen múltiples capas de memoria, mito, leyenda, gestos que se repiten desde un pasado remoto, ritos y una apertura a un futuro incierto. Creo que una y otra vez, en la película asoma el tema del tiempo, como algo misterioso y fascinante que no se pretende desentrañar, sino que se aborda desde la poesía.

 

¿Cuál ha sido su intención al hacer esta obra?

Para mí hablar de “intención” es difícil, porque creo que aquello que te mueve a la hora de crear una obra es algo más bien inconsciente, tiene que ver con un deseo inconsciente, y lo bonito es que hacer la película te ayuda a comprender ese deseo, el trabajo sobre la película puede, con suerte, propiciar esa revelación. Pero es algo muy íntimo y no tiene mucho sentido intentar desentrañarlo pues podría interferir en la experiencia individual que cada espectador tenga con la película.

 

Volviendo a ‘El mar nos mira de lejos’, se ha destacado la sensación de tranquilidad que produce. Vamos descubriendo el entorno, el paisaje donde viven unos hombres dedicados a la pesca, separados del mundo en una desolada playa virgen del Parque Natural de Doñana, envueltos en el único sonido del latir de la naturaleza. ¿Es así como nos invita a mirar y explorar una realidad que contrasta con la urbanización?

 Bueno, a mí me gusta tratar de intuir los ritmos secretos de un lugar, su respiración propia digamos, su energía, y tratar de expresar o articular mediante las herramientas propias del cine esa experiencia sensorial. Algo de esto hemos intentado con “El mar nos mira de lejos”, que se propone como una película inmersiva. Pero no se trataba de plasmar o registrar lo que teníamos ante nosotros. Como decía antes, hay una re-elaboración, una intervención, una cierta fantasía o fabulación.

 

Por otra parte, hay un placer en el progresivo, sensual, gradual descubrimiento del espacio.

Me parecía importante que, en vez de desvelar el territorio en su totalidad de golpe, fuésemos descubriéndolo poco a poco, ensanchando el ángulo de visión, jugando con las expectativas y propiciando esas revelaciones. Eso nos brindaba la posibilidad de construir un cierto relato en el cual, tal vez la realidad de las personas y las cosas filmadas no evoluciona mucho, pero sí que evoluciona la conciencia del espectador respecto a esas realidades.

 

En un inicio nos parece estar viendo a los últimos habitantes de un lugar medio desértico y abandonado, una isla remota tal vez

Y poco a poco descubrimos que no están tan solos ni tan escindidos, que de alguna manera viven en los márgenes de una sociedad pero no del todo fuera de ella, vecinos como son de una urbanización de playa, y que de hecho, su aparente paraíso virgen está en realidad cercado y pertenece a un Parque Nacional permanentemente vigilado por guardias y visitado por turistas, lo cual en cierto modo parece ironizar un poco sobre nuestro mundo presente y nuestra manera de relacionarnos con él, con su naturaleza, con nuestra idea de lo que es la naturaleza.

 

También apreciamos en su película el paso indeleble del tiempo. Las dunas avanzan sobre el terreno empujadas por el viento y la arena lo va enterrando todo.

A las dunas de esa zona las llaman “dunas móviles” pues se desplazan metro a metro, muy lentamente a lo largo de los años. Van sepultando todo lo que encuentran a su paso, pinares, viejas construcciones, etc. Me pareció una metáfora muy sugerente, la del paso de la duna, el movimiento perpetuo de esos arenales, como un reloj de arena que no deja de correr, el paso inexorable del tiempo.

 

También guarda relación el paso de la duna con la búsqueda de Tartessos.

Sí, es una imagen que además dialoga bien con la capa de la película que se refiere a la búsqueda de Tartessos por parte de varios arqueólogos que estuvieron excavando en la zona. La misma arena complicaba sus tareas de excavación y se fueron, sin encontrar lo que buscaban. De alguna manera el territorio protegió su propio tesoro, si es que lo hubiese. Pero que aquella ciudad de Tartessos nunca encontrada fuese leyenda o realidad es lo de menos, lo interesante es que la sola posibilidad plantea un deseo, una ensoñación, un ideal, una evocación de civilizaciones pasadas y una pregunta sobre la nuestra.

 

En cambio, esos hombres que viven allí parecen muy dueños de su tiempo.

Ellos, los personajes, efectivamente son muy dueños de su tiempo. Al menos en cierto modo. Podría decirse que esa independencia y esa posesión es lo que han conquistado al ir a vivir en ese lugar retirado. Pero un día no estarán ahí, como todos nosotros, están sujetos a la fugacidad de las cosas.

Testigo de nuestro paso efímero por el mundo, desde su eternidad, el mar nos mira de lejos.

 

La película tiene también un aire enigmático y romántico, abierto a la imaginación, quizás por la historia de los arqueólogos y lo que andan buscando.

Hay unos referentes históricos que son reales. A principios del siglo XX un arqueólogo alemán llegó hasta esa zona y convenció al duque de Tarifa, propietario de los terrenos en aquella época, para que le permitiese llevar a cabo unas excavaciones arqueológicas. Estaba convencido de que bajo esos arenales se encontraba Tartessos, cultura de la que se han encontrado evidencias aquí o allá, pero cuyo centro o capital nunca se ha establecido. Aquel tipo tenía algo de romántico charlatán, pero eso mismo lo hacía más interesante. Lo intentó en varias ocasiones, contratando para ello a obreros locales (a los que sospecho que aquello de excavar en las arenas les parecería un disparate).

 

Y después vinieron más.

Después vino un inglés, que también exploró la zona con la misma ambición. Y luego otros. Aún hoy en día aparece de cuando en cuando un profesor o aficionado diciendo que ha localizado con radar unas formas geométricas extrañas. Se ha convertido casi en una fantasía o mito recurrente de esa zona, y a mí me pareció muy interesante, porque le confiere sombra al territorio, le proporciona un fantasma al lugar.

 

¿En qué está trabajando en estos momentos? ¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos? 

Tengo varias ideas y estoy tratando de ordenarlas un poco, ponerlas por escrito para poder entenderlas mejor y descubrir cuál o cuáles de ellas me reclaman con mayor intensidad. Dos de esas ideas, una para un cortometraje experimental y otra para un largometraje, parecen a punto de convertirse en proyectos concretos.

Aparte de esos proyectos propios, estoy editando y co-escribiendo un documental titulado “This film is about me” de Alexis Delgado y estoy a punto de iniciar un proyecto con Mauro Herce.